En algunas ocasiones las existencias pueden estar erróneas o no se lo podremos conseguir en el plazo señalado. Confiamos en su comprensión y le agradecemos la confianza depositada. Esperamos no defraudarle.
En un mundo, nada lejano, en el que los algoritmos nos esclavizaban ante las pantallas, surgió un héroe inesperado: un cantante puertorriqueño que hacía todo lo que jamás conseguirían las máquinas. Nos arrancó del sillón y nos puso a bailar y a sentir nuestro cuerpo y el cuerpo de los otros. Nos enseñó que las fotos que permanecen no son las compuestas de píxeles, sino las que conservamos en la memoria porque las hicimos con la mirada. Nos recordó que los humanos somos historias y que ninguna inteligencia sintética podrá contarlas como lo hacemos nosotros. Nuestro héroe se llamaba Benito Antonio, pero todos le conocíamos como Bad Bunny. Con él aprendimos que la creatividad nace del asombro y de la curiosidad, de los errores y de los hallazgos inesperados, del deseo y del atrevimiento. Ésta es la crónica de cómo Bad Bunny nos mostró el camino para ganar a las máquinas. Y cómo salimos a perrear para celebrarlo.
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