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José Gutiérrez Solana comienza su recorrido por el Madrid de la Gran Vía, cuyo último tramo, el que va de Callao hasta la Plaza de España, que se llamó Eduardo Dato, se halla en sus inicios en 1922. Entre apisonadoras y desmontes va haciendo historia de algunas de las calles desaparecidas, como la de Ceres, o el callejón del Perro, con sus librerías de viejo y sus prostíbulos, en lo que constituía el barrio bohemio. Nos lleva a continuación por los ambientes más populares de Madrid, aquellos a los que acude el pueblo a divertirse: las verbenas, las bailes, las romerías, el carnaval, las corridas de toros, el Rastro?son los lugares más idóneos para hallar la amalgama bullanguera y colorista del pueblo de Madrid, pero también los mercados como el de la Cebada, de trágica historia, pues allí se ejecutaba a los condenados a muerte, como el cura Merino, el general Riego o Luis Candelas lo fueron en su momento; o los cementerios en franco abandono como el de San Martín, que se ubicaba en el hoy también desaparecido estadio de Vallehermoso. Hay personajes populares de aquel Madrid que transitan por estas páginas,
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