En algunas ocasiones las existencias pueden estar erróneas o no se lo podremos conseguir en el plazo señalado. Confiamos en su comprensión y le agradecemos la confianza depositada. Esperamos no defraudarle.
Es 1062 y en Inglaterra se teme el fin de los tiempos. Negros presagios así lo anuncian. En el trono se sienta Eduardo el Confesor, rey viejo y sin herederos, y dos hombres llenos de ambición y vacíos de escrúpulos aspiran a sucederlo. En palacio conspira Harold Godwinsson, conde de Wessex, pero en la otra orilla del canal de la Mancha, Guillermo el Bastardo, duque de Normandía, aspira a hacer valer sus derechos. Ambos se lo juegan todo y en silencio reúnen a los cuervos de la guerra en espera de lanzarlos en su destructivo vuelo. Un hombre se interpondrá en sus designios, uno al que unos llaman demonio, otros bestia, y que para la Corona es un proscrito. Un hombre del que se dice que mató a un oso con sus manos desnudas, pero también que esas manos están tintas de sangre de los suyos Demonio, bestia, asesino, proscrito: ese es Hereward, un guerrero de Mercia que vaga errante en los años previos a la conquista normanda de Inglaterra. Un encuentro con un monje, Alric, al que salva la vida de las garras de un cruel vikingo, cambiará la suya. En su huida buscará la redención y revertir las acusaciones que sobre
Este sitio web sólo utiliza cookies propias. Puedes configurar la utilización de cookies u obtener más información aquí
Más información sobre el uso de "cookies" y sus opciones de privacidad
Este sitio web utiliza cookies propias que se detallan a continuación en el panel de configuración.
A través del mismo, puede aceptar o rechazar de forma diferenciada el uso de cookies, que están clasificadas en función del servicio. En cada uno de ellos encontrará información adicional sobre sus cookies. Puede encontrar más información en la Política de cookies.
Estrictamente necesarias (técnicas):
Se usan para actividades que son estrictamente necesarias para gestionar o prestar el servicio que usted nos ha solicitado y, por tanto, no exigen su consentimiento.