En algunas ocasiones las existencias pueden estar erróneas o no se lo podremos conseguir en el plazo señalado. Confiamos en su comprensión y le agradecemos la confianza depositada. Esperamos no defraudarle.
Las reglas de la casa son sencillas: abrazar la penumbra. Escuchar y atender las voces. No perturbar el recuerdo de los muertos. Abrir solo aquellas puertas que puedan volver a cerrarse. Recordar que la tierra siempre está hambrienta. Y, por encima de todo, saber que todo aquello en lo que se cree, existe. Hace años que la adolescente Emilia no abandona la casa donde vive bajo el cuidado de su madre. Mientras la enfermedad consume lentamente su cuerpo, encuentra refugio en los libros de la biblioteca familiar y en la única amiga capaz de atravesar el silencio que envuelve el lugar. Pero toda casa que impone sus propias reglas acaba reclamando aquello que nunca dejó de pertenecerle. A medio camino entre el relato de fantasmas y el horror psicológico, Me perdono la vida es una perturbadora exploración de la culpa, la maternidad y el duelo; de las heridas que heredamos y los muertos que nunca dejan de hablarnos cuando ya no queda nadie más escuchando.
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