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Tomás no puede ver los colores. Pero el rojo le sabe ácido como la fresa y dulce como la sandía, el amarillo le huele a girasol y le hace cosquillas en el estómago, y el negro es el más bonito de todos porque es el color del cielo de noche, lleno de estrellas. Desde la oscuridad de sus ojos, Tomás invita a descubrir que los colores no solo se ven: se tocan, se huelen, se saborean y se sienten. Un libro completamente negro, con texto en braille e ilustraciones en relieve, que propone a todos los lectores, videntes o no, una experiencia sensorial única.
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