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Haría falta un policía sugirió alguien. Un detective. Tenemos uno dijo Foxá. Todos siguieron la dirección de su mirada. Eso es ridículo protesté. ¿Se han vuelto locos? Usted fue Sherlock Holmes. Nadie fue Sherlock Holmes. Ese detective no existió jamás. Es una invención literaria. Que usted encarnó de manera admirable. Pero fue en el cine. Nada tuvo que ver con la vida real. Sólo soy un actor. Me contemplaban esperanzados, y lo cierto es que yo mismo empezaba a entrar en situación, como si acabaran de encender los focos y oyese el suave rumor de una cámara rodando. Aun así decidí mantenerme silencioso, cruzados los dedos bajo el mentón. No había disfrutado tanto desde que rodé El perro de Baskerville. Junio de 1960. Un temporal mantiene aisladas en la idílica isla de Utakos, frente a Corfú, a nueve personas alojadas en el pequeño hotel local. Nada hace presagiar lo que está a punto de ocurrir: Edith Mander, una discreta turista inglesa, aparece muerta en el pabellón
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