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Gabrielle Roy dedicó sus últimos años de vida a escribir esta autobiografía cuya publicación, había decidido, sería póstuma. Buscaba a la vez hacer balance de su existencia y dotarla para siempre de ese toque maravilloso que atesora la literatura. Convertir, en definitiva, su historia en novela. Publicada por primera vez en 1984, La desolación y el encanto relata los años de formación de la autora, desde su infancia en Manitoba hasta su vuelta de Europa en vísperas de la segunda guerra mundial. Un fascinante viaje a tientas hacia la escritura, su gran vocación, hilado al calor de las experiencias y lugares que más la marcarían: la casita familiar de la calle Deschambault, con su miseria a cuestas; la bulliciosa granja de su tío Excide; un verano encantado en La Petite-Poule-dEau como maestra rural o los pueblitos del fin del mundo de sus primeras aventuras teatrales. Y luego el deseo irreprimible de volar: una buhardilla a ras de cielo en París; Londres vista, una y mil veces, desde el piso alto de sus famosos autobuses; la tormenta del primer amor y un buen puñado de cottages escapados del tiempo. Uno de
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