En algunas ocasiones las existencias pueden estar erróneas o no se lo podremos conseguir en el plazo señalado. Confiamos en su comprensión y le agradecemos la confianza depositada. Esperamos no defraudarle.
Con este volumen se cierra nuestra trilogía dedicada a las tres grandes columnas confederales que, desde Barcelona, partieron hacia Aragón para reconquistar los territorios controlados por los rebeldes que se habían sublevado en julio de 1936. La primera fue la Columna Durruti, que se situó en la ribera norte del Ebro. La segunda fue la columna de Antonio Ortiz, instalada en la ribera sur del Ebro, adentrándose por tierras turolenses. Y la tercera fue la Columna Ascaso, acrecentada por otras columnas (Aguiluchos de la FAI y la Roja y Negra) que se añadieron posteriormente a ella cuando pasó a convertirse en la División Ascaso. Con el tiempo, las tres columnas se militarizaron por orden del Gobierno central. La Durruti, muerto ya su jefe en el frente de Madrid, se convirtió en la 26 División del Ejército Popular de la República. La Ortiz pasó a ser la 25 División, y la Ascaso (junto a los Aguiluchos de la FAI y la Roja y Negra), la 28. Sin embargo, en todas ellas se mantuvo vivo, hasta el final de la guerra, ese espíritu revolucionario inicial, que ni siquiera al concluir la contienda quedó del todo apagado
Este sitio web sólo utiliza cookies propias. Puedes configurar la utilización de cookies u obtener más información aquí
Más información sobre el uso de "cookies" y sus opciones de privacidad
Este sitio web utiliza cookies propias que se detallan a continuación en el panel de configuración.
A través del mismo, puede aceptar o rechazar de forma diferenciada el uso de cookies, que están clasificadas en función del servicio. En cada uno de ellos encontrará información adicional sobre sus cookies. Puede encontrar más información en la Política de cookies.
Estrictamente necesarias (técnicas):
Se usan para actividades que son estrictamente necesarias para gestionar o prestar el servicio que usted nos ha solicitado y, por tanto, no exigen su consentimiento.