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«Una obra profética y apasionante, recomendada por Benedicto XVI, Francisco y León XIV como una lectura fundamental para comprender el desafío de un mundo que ha olvidado a Dios». Una novela clásica en el más puro sentido: un libro que, desde su primera edición, no ha dejado de leerse a pesar de los años transcurridos. Por su sentido teológico, profético y apocalíptico, es una lectura obligada para todo católico con un mínimo de inquietud espiritual. Lo que sorprende del autor no es solo su capacidad de imaginación ni la intuición de algunos adelantos científicos expresada hace más de cien años, sino, sobre todo, su comprensión ya entonces de hasta dónde podía llegar la degeneración del hombre vestida de humanismo moderno; y cuál podía ser la figura de un Anticristo verdaderamente seductor para el hombre del siglo XX. Su visión es la crónica de una sociedad literalmente materialista, en la que la vida por nacer o por concluir no tiene valor si no se ajusta perfectamente a los cánones de calidad, belleza y salud que la propia sociedad prescribe. Una cultura de la muerte encarnada en el más aséptico humanis
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