En algunas ocasiones las existencias pueden estar erróneas o no se lo podremos conseguir en el plazo señalado. Confiamos en su comprensión y le agradecemos la confianza depositada. Esperamos no defraudarle.
Un documentado retrato del enigmático personaje que lidera Palantir, una de las compañías tecnológicas más inquietantes y poderosas de la era de la vigilancia digital. Fundada en 2003 para ayudar al gobierno de Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo, Palantir se ha convertido desde entonces en un coloso global valorado en 400 000 millones de dólares. Su software es utilizado por importantes servicios de inteligencia, entre los que se encuentran el Mossad, la CIA y el ejército estadounidense, pero también el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido y grandes corporaciones como Airbus y BP. Desde la inteligencia artificial hasta la lucha contra el terrorismo, pasando por el cambio climático, la inmigración, el fraude financiero, la sanidad y el futuro de la guerra, la empresa se sitúa en el núcleo de los asuntos más críticos del siglo xxi. Alex Karp, cofundador y CEO de Palantir, es una figura singular en el panorama empresarial global: filósofo de formación, judío birracial y con dislexia severa, ha convertido la empresa en un gigante tecnológico sin tener formación en negocios ni en informática,
Este sitio web sólo utiliza cookies propias. Puedes configurar la utilización de cookies u obtener más información aquí
Más información sobre el uso de "cookies" y sus opciones de privacidad
Este sitio web utiliza cookies propias que se detallan a continuación en el panel de configuración.
A través del mismo, puede aceptar o rechazar de forma diferenciada el uso de cookies, que están clasificadas en función del servicio. En cada uno de ellos encontrará información adicional sobre sus cookies. Puede encontrar más información en la Política de cookies.
Estrictamente necesarias (técnicas):
Se usan para actividades que son estrictamente necesarias para gestionar o prestar el servicio que usted nos ha solicitado y, por tanto, no exigen su consentimiento.