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En agosto de 1963 dos hombres se presentaron en el Hotel Potomac de Caracas, en el que se alojaba el Real Madrid, se identificaron como policías y le pidieron a Alfredo Di Stéfano que los acompañara a comisaría para tomarle declaración por un asunto de drogas. Purita, peluquera del hotel, los vio salir y, sintiendo que algo raro pasaba, llamó a su marido, el periodista Lázaro Candal. Horas después reventó la noticia en la prensa española: Di Stéfano había sido secuestrado por las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional. Comenzó en ese instante una trama insólita en la que se vieron envueltos no solo el futbolista y sus secuestradores, sino directivos, embajadores, ministros y hasta los máximos mandatarios de Venezuela y España: Rómulo Betancourt y Francisco Franco.
El secuestro de Di Stéfano es el relato de esos días de cautiverio y de la cicatriz que dejaron en la vida posterior del astro argentino, pero es también la historia de su secuestrador, Paúl del Río, que se convirtió en un reconocido artista y vivió en Venezuela el auge y caída del proceso revolucionario. Una crónica que se desarrolla sobre un paisaje político y otro futbolístico: la Venezuela de Hugo Chávez y el esplendor del Real Madrid.
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