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Encarnación Aragoneses (Elena Fortún) escribió cientos de cartas desde su exilio argentino (1939-1948). El destinatario es su hijo Luis, exiliado a su vez en Nueva York. Cartas que son el único recurso para mantener el lazo de unión de una familia separada de forma forzosa y con pocas esperanzas de volver a encontrarse. Desde Buenos Aires Encarna se preocupa y vela por su hijo, pero también cuenta. Cuenta su día a día dando visibilidad así a la vida de los exiliados españoles: sus penas, frustraciones, decepciones y contradicciones, pero también alegrías y esperanza en el porvenir. Las cartas escritas por Encarnación Aragoneses desde 1942 a 1945 dan cuenta de la ineludible y difícil adaptación al país de acogida. Son los años más fructíferos para Elena Fortún en sus nueve años de exiliada. Escribe artículos para la prensa, cuentos para niños y, sobre todo, consigue escribir tres libros de su saga de Celia. Tras escribir Celia en la revolución, esta escritora realista y costumbrista es capaz de captar el ambiente que le rodea y escribir dos novelas inspiradas y enmarcadas en su nuevo entorno. «En la antigua t
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