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Su atractivo consistía en transformar las acampadas en entrenamientos paramilitares, las pistolas de aire en armas de fuego, las canciones infantiles en marchas militares, la educación en adoctrinamiento y, en definitiva, a los niños en nazis fanáticos. El resultado fue la mayor organización juvenil de la historia y una enorme maquinaria de manipulación. Millones de miembros de las Juventudes Hitlerianas se unieron a las fuerzas armadas; miles participaron alegremente en la subyugación de pueblos extranjeros y la aniquilación de «extranjeros raciales». Aunque eran jóvenes, cometieron crímenes contra la humanidad. Su historia es un excepcional recordatorio de la bancarrota moral de los regímenes que convierten a los niños en cómplices de los crímenes del Estado. Resulta de especial interés el tratamiento que Kater da al sexo prematrimonial y al embarazo entre las jóvenes alemanas, ansiosas por «dar un hijo al Führer» fuera del matrimonio y sin el consentimiento de sus padres. El autor refleja lo que hoy en día es un consenso aceptado sobre la «modernidad» nazi: aunque en aras de la propaganda tocaba todas las
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