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Quien se enfrenta desprevenido a esta obra de Ángel Olgoso obtiene rápidamente una certeza: tiene ante sí algo singular, algo que no puede medirse ni sopesarse. Si algo caracteriza a Holobionte es su exuberancia en el mejor sentido. A todos los aspectos temáticos, procedimentales, estéticos puede aplicarse el término. Los humanos somos holobiontes, ecosistemas conformados por la simbiosis entre especies que colaboran entre sí. En las historias de Olgoso, la utilidad mutua también es para establecer relaciones de penuria, dolor físico o moral y situaciones de sometimiento, tratando con ironía y escepticismo la radical desconfianza en el prójimo. Aunque domina la ausencia de fe en la naturaleza humana, un sentimiento intenso de compasión sobrevuela las historias más atroces y algunas veces el amor y la amistad enaltecen a los personajes. La absoluta libertad creativa de Olgoso no se ata a ningún precepto genérico. Tampoco se puede afirmar que sus historias estén enmarcadas en una estética realista, maravillosa, fantástica o del absurdo, porque el autor elige libremente la mirada que más conviene a lo que quier
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