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Deadwood fue descrita en su día como «la ciudad más diabólica sobre la faz de la tierra», un ombligo de pecado que emergió a comienzos de 1876 en las Black Hills (Dakota del Sur), excrecencia de la fiebre del oro que convocó allí a miles de mineros, buscavidas, pistoleros, prostitutas y mercachifles. Una ciudad de barracas infectas, de saloons donde corría el alcohol y de habitantes de dudosa moralidad y de gatillo fácil, pero que apenas tres años después fue asolada por un pavoroso incendio, cual purificador castigo bíblico. Un lugar destinado a alimentar la imaginación y la mística del salvaje Oeste, poblado de personajes legendarios desde Wild Bill Hickok, Calamity Jane o Caballo Loco. Peter Cozzens, autor del aclamado La tierra llora, ha desnudado minuciosamente capas y capas de mitos y leyendas desde novelas baratas del siglo XIX como Deadwood Dick, hasta la exitosa serie dramática de HBO, pasando por las vallas publicitarias de los casinos de la actual Deadwood para desvelar la verdadera historia de Deadwood, alejada del romanticismo con el que Estados Unidos ha cimentado ese mito fundacional que es la
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