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«Avisad a los cónsules de que llegarán los bárbaros del norte». Una voz sin rostro advierte así a los romanos mientras un gran cometa incendia el cielo. La profecía ya se ha puesto en marcha: lejos de allí, los cimbrios parten hacia el sur, guiados por Artemidoro de Éfeso, que vuelve para vengarse de la ciudad que arruinó su vida. La mayor amenaza desde Aníbal se cierne sobre una Roma marcada por la violencia de los idus de enero. En ese escenario crece Quinto Sertorio. Su viaje de formación lo llevará desde la infancia en los barrios altos hasta la adolescencia entre los callejones de la Subura y los cementerios del Esquilino. Allí liderará al pequeño ejército de los Mirmidones, conocerá a la joven asesina Sierpe y aprenderá el significado de la amistad, el sacrificio y el honor. Pero también tendrá enemigos. El corrupto senador Servilio Cepión y el jefe de los bajos fondos, Septimuleyo, se convertirán en una amenaza personal para Sertorio, mientras la adivina Marta maneja los hilos de todos ellos desde las sombras. De todas esas sombras, ninguna más alargada que la que proyecta la cruz de Stíg
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