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En 1976, David Bowie se encontraba en el punto álgido de su adicción a las drogas. Atormentado por la paranoia y el delirio de la fama, huyó del estridencia de Los Ángeles hacia Berlín Occidental. En la ciudad donde cada paseo termina inevitablemente ante un muro, se sentiría más libre que nunca. Con vívidos detalles de la época, Reinhard Kleist retrata cómo Bowie se sumergió de lleno en el pasado, el presente y el futuro de Berlín con Romy Haag, exploró la decadencia de los locos años veinte; con Iggy Pop, se empapó de la música de Kraftwerk y Tangerine Dream. Y en los estudios Hansa, a la sombra del Muro de Berlín, su música más visionaria surgió del espíritu del pasado. En Berlín, Ziggy Stardust, Halloween Jack y el Duque Blanco se convirtieron en David Bowie.
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